BAHÍA DE SAL

Gabriela Guerra Rey


“Cada vez que abro los labios

Inundo de nubes el vacío”.

 

Vicente Huidobro, Noche.

Umbral

He llamado “Umbral” a estos párrafos, mejor que prólogo o exordio, porque me gustaría que sirvieran como una transición entre el mundanal ruido, en el que muy probablemente están inmersos los lectores, y esa explosión verbal que es el texto en el que están a punto de adentrarse. Aquí, en el zaguán rumoroso y sombreado que forman estas breves páginas, podrán ponerse a sus anchas y prepararse para conocer a María de la Sal, un personaje que sin duda les contagiará sus deseos, su insaciable hambre de vivir… 

Conocí a Gabriela Guerra Rey en los pasillos de una editorial, quizá el mejor lugar para conocer a cualquiera. Pronto nos dimos cuenta de que compartíamos pasiones, gustos, intereses y cierto sentido del humor —además de signo zodiacal—, así que no fue extraño que termináramos embarcándonos en una amistad que sigue dándonos muchos buenos ratos y no pocos proyectos para emprender juntos. 

 


Un día, a mediados de 2015, me contó que estaba escribiendo una novela que le brotaba como un manantial imposible de contener. Muchas historias que había venido imaginando y recogiendo desde su Cuba natal estaban tomando forma, y dando origen a Bahía de Sal.

 

No pasó mucho tiempo antes de que Gabriela me permitiera ahondarme en los capítulos que iban saliendo de su mente y sus manos. Aunque ya antes había leído algunos fragmentos de sus escritos, al empezar a transitar esas líneas tuve que reajustar mis ­expectativas, pues me di cuenta de que su autora había dado un salto en su poder narrativo. Vi que estaba leyendo una novela que daba nombre a muchas cosas en el despertar a la vida de María de la Sal, esa niña, luego mujer valiente que focaliza la acción de la novela y es testigo de las aciagas jornadas de un pueblo sin rumbo.

 

Era evidente que el texto al que me enfrentaba era una construcción compleja y valiosa, y sentí una enorme alegría por mi colega escritora, pues un libro así es algo que cualquier autor desearía procrear. Sobre todo, sentí agradecimiento como lector, pues me estaba enredando en una historia que no me permitía la distancia: quería vivir dentro de sus páginas y acompañar a su protagonista en el destino agridulce que se cumplía en cada renglón.

Tuve la suerte de seguir de cerca el proceso de creación de Bahía de Sal, pues Gabriela me adoptó como editor de cabecera, así que lo fui disfrutando mientras surgía y luego lo leí varias veces, ya terminado. Nunca me traicionó. Fue siempre un gran compañero y llenó mis ojos con un mundo ajeno que yo iba recorriendo de la mano de una narradora siempre precisa y sorpresiva.

El libro nació con buena fortuna. En 2016 fue reconocido con el premio Juan Rulfo a primera novela, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, segunda patria de su autora. Los jurados, que lo seleccionaron como el mejor entre los trabajos presentados, destacaron la capacidad de Gabriela de crear un sitio que tiene la fuerza, la convicción y el carácter de un personaje. 

 

 

Al compartir la alegría por el premio recibido, pude también volver a ver Bahía de Sal con ojos nuevos. Pensé que forma parte de ese género novelesco que sigue a un personaje desde el momento en que apenas tiene forma y sentido, hasta que está completo ante nuestros ojos: bien plantado y lleno de vida. Es, en suma, una pieza de esa literatura que trata de cómo alguien se convierte en dueño de su propio destino, lo que los alemanes llaman “novelas de iniciación y crecimiento” (Bildungsroman) y que Flaubert describió inmejorablemente en el título de uno de sus libros: La educación sentimental.

Lo esencial, en esta ocasión, es que estamos ante una mujer protagonista. De hecho, los personajes más fuertes, evocadores y llenos de vida en esta narración son precisamente mujeres. ¿Cómo enten­der esto? Más allá de los pormenores biológicos, la mujer ­(al menos en muchas latitudes) crece sabiendo que podrá amar a los hombres, pero tendrá también que soportar sus distracciones continuas, su torpeza ante la ternura, su egoísmo recalcitrante, la actitud insolente que nos hace infantiles hasta la muerte.

No obstante, Bahía de Sal no se ocupa fundamentalmente de la relación femenina con el género opuesto. Trata de ello en la medida en que forma parte del acontecer histórico y cotidiano de ambos sexos, pero sobre todo se interesa en la mujer vista por sí misma. Las abuelas, vecinas, amigas, hermanas, hijas van estructurando un quehacer colectivo que se empeña en dar orden al sinsentido humano, y también en poner a la muerte en su lugar preciso.

Me atrevo a afirmar que esta novela narra, entre otras muchas cosas, la batalla cotidiana de las mujeres contra la muerte. María de la Sal encara el atormentado devenir de su comunidad, pero además siempre le está dando sentido. Solo así, pensé yo al cerrar el libro una vez más, es posible exorcizar la sombra de la muerte… aunque solo sea durante un tiempo.

 

Ahora, el libro sale a la luz bajo el sello de Editorial Huso, un nombre que me hace pensar en las parcas y en aquella otra mujer, Penélope, ocupada en su telar mientras permite que los hombres desordenen el mundo a su alrededor. 

Por último, si el impresor me lo concede, le pediría que al terminar estos párrafos nos regalara una página en blanco. Eso permitirá que los lectores descansemos los ojos y recapacitemos un segundo antes de adentrarnos en el lugar donde habitan las hijas del arrecife.

 

Jorge Ruiz Esparza

 

Ciudad de México, 2017


“¿Por qué íbamos a querer salir si ahí teníamos todo?”. Así nos trae María de la Sal a la abrumadora realidad de Bahía de Sal, un pueblo cuyos habitantes solían tomar los caminos acuosos para nunca más regresar. Marcados por el infortunio climático, las tribulaciones económicas, los vaticinios sentenciosos de los orishas y el fantasma de la migración obligatoria. Bahía de Sal puede ser cualquier pueblo latinoamericano, real o ficticio, pero lo que ahí sucede tiene un realismo descarnado, acompañado por la sazón humorística que ha servido a tantas aldeas de la región. 

 

Insertados en un tiempo y espacio indeterminados, en Bahía de Sal, no obstante, se reflejan hechos que vivió la humanidad en el último siglo. Sin embargo, su acontecer está marcado por las relaciones y experiencias de su gente. Aunque todos los personajes son ficticios, fueron inspirados por vivencias reales. A lo largo de sus páginas, el pueblo deviene protagonista mientras ­María de la Sal contará su historia y la de su gente como el último recurso para rescatar el pasado que convertirá el futuro en sueño promisorio, dándole a los habitantes un derrotero allende el mar. 

 

Bahía de Sal obtuvo el Premio Juan Rulfo a Primera Novela, 2016, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México y los gobiernos de los estados de Puebla y Tlaxcala.