SOY TODAVÍA UN HOMBRE EN TRÁNSITO

Entrevista a Octavio Salazar, autor de ‘Autorretrato de un macho disidente’

Publicada en el periódico El Plural https://www.elplural.com/playtime/2017/12/15/soy-todavia-un-hombre-en-transito

 

 

 

 

 

No voy a intentar definir a Octavio Salazar, el autor de Autorretrato de un macho disidente. Creo que solo el título de este libro dice mucho, pero también porque a lo largo de esta entrevista, sus propias respuestas lo van “definiendo”. Además, porque a Octavio no le gusta limitar cosas, normarlas, encasillarlas; a mí tampoco. Así es que, a manera de introducción, diré que se trata de un rebelde de la Red Feminista de Derecho Constitucional y de la Red de Hombres por la Igualdad. Miembro de la Asociación de Personas por la diversidad afectivo-sexual y de la asociación Clásicas y Modernas. Finalmente, y como trinchera cotidiana, es catedrático en Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba.

 

Para explicar, no quien es Octavio, sino la obra que tenemos delante, recurro a su prólogo: “Este libro va precisamente de fronteras o, mejor dicho, de cómo acabar con ellas, de cómo diluirlas en un espacio fluido en el que finalmente cualquiera de nosotros pueda ser lo más feliz posible sin necesidad de atenerse a normatividad alguna”.

 

Octavio adoptó lo personal, lo vivido, para escribir su Autorretrato… De ahí que sea una obra autobiográfica, porque, asegura él, el feminismo le enseñó que todo lo personal, es también político. “Por tanto, tengo muy claro que cualquier gesto, cualquier paso, cualquier palabra, lo hago como animal político que soy, y con una más que evidente proyección hacia los demás y hacia el mundo en el que vivo”.

 

Decía el novelista estadounidense, Henry Miller, quien también encontró asideros en la autobiografía revolucionaria: “Si nos volvemos hacia una realidad más grande, es una mujer quien nos tendrá que enseñar el camino. La hegemonía del macho ha llegado a su fin. Ha perdido contacto con la tierra”. Esta sería, acaso, la utopía de Octavio… 

 

 

GGR: Octavio, desde el instante en que Mayda Bustamante, directora de Huso, me habló de Autorretrato de un macho disidente, supe que este podía ser un libro de referencia, porque trata un tema cuasi-intocado por nuestra “moderna humanidad”. ¿Podrías describir la base de tus investigaciones y cómo llegaron a convertirse en la obra que hoy presentas en España?

 

 

OS: Llevo muchos años trabajando, a nivel personal y profesional, sobre igualdad de género y la aplicación del feminismo en el ámbito jurídico. Esa dedicación, que hace tiempo rebasó lo profesional para llegar al compromiso personal, hizo que me planteara mi lugar en la sociedad como sujeto varón, los condicionantes de género que como hombre me hacían un sujeto privilegiado, pero también con frecuencia un ser prisionero. Es decir, fue la militancia feminista, y sobre todo el aprendizaje de y con muchas mujeres feministas, lo que me llevó a ponerme delante del espejo y revisarme. Y en eso proceso estoy. Soy todavía un hombre en tránsito. De la necesidad de compartir esa experiencia personal, y de hacerlo además desde lo vivido, desde lo más emocional y a veces hasta desgarrador, surgió este Autorretrato.

 

 

GGR: “…mi compromiso feminista, mis utopías laicas y republicanas, mi militancia contra la diversofobia y la lucha que desde hace años mantengo, dentro y fuera, contra todo aquello que implique reducirme, reducir a cualquiera, a los estrechos límites de lo normativo. Me he pasado la vida negando las estrategias, cuestionándome las expectativas, siempre he vivido en gerundio…”. Te nombras feminista, además de rebelde, y otros términos significantes en pleno siglo XXI, pero ¿qué es eso? ¿Cómo se es un hombre feminista?

 

 

OS: Yo he aprendido, gracias a mis compañeras y maestras feministas, que el feminismo es una de las más ricas propuestas políticas de toda la historia, una vindicación de justicia y democracia y, también, una forma de vida y una posición ética ante el mundo y ante los demás. Entiendo por tanto que, como hombre feminista, o que al menos está en proceso de serlo, permanentemente me replanteo mi lugar privilegiado en el pacto social y tengo claro que debo trabajar para que consigamos una sociedad en la que el sexo no sea determinante del acceso a los derechos. En la que mujeres y hombres seamos equivalentes. Y para ello tengo que empezar por trabajar la conciencia de género y la asunción de la parte de responsabilidad que tengo como miembro de la mitad más favorecida por el patriarcado.

 

Para mí ser feminista es sinónimo de ser demócrata. No entiendo un término desligado del otro. Sería una esquizofrenia definirse como demócrata y no hacerlo como feminista.

 

 

GGR: Hay un centro hegemónico en tu obra, que no defino, porque coincido en la futilidad de definir: comprender no solo el rol de la “mujer liberada” en la sociedad moderna, de saltarnos las normas, sino el papel del hombre como símbolo de patriarcado, de machismo, de virilidad… Comprender y romper con ese simbolismo, con la educación que conduce a ello. ¿Podría existir, y pregunto no sin cierta angustia, una estructura educativa que hilvane la vida de los hombres desde otras aristas alejadas de lo que hemos vivido en la mayoría de nuestras sociedades? ¿Hay ejemplos visibles de que pueda ser de otra forma o estamos frente a una visión utópica, aunque no imposible?

 

 

OS: Ese es uno de los grandes objetivos a trabajar, y en el que me parece que deberíamos poner todos los esfuerzos, los públicos y los privados. Necesitamos procesos socializadores construidos desde otros imaginarios, con otros relatos. Necesitamos urgentemente romper con el orden cultural que es también el patriarcado. Y para ello necesitamos mujeres empoderadas, protagonistas, con prestigio y autoridad. Y necesitamos, los hombres, dar un paso atrás y ceder espacios y tiempos. Y, por supuesto, urge que las nuevas generaciones tengan otros referentes, que les hagan ver que las masculinidades son diversas, que el macho hegemónico no es el más deseable horizonte y que serán mucho más felices si desarrollan al máximo todas sus capacidades humanas, incluidas aquellas que siempre silenciaron por considerarlas poco masculinas.

 

 

GGR: `En estos tiempos, cuando la violencia machista sacude los cimientos de la sociedad, Octavio Salazar irrumpe con la declaración de principios de un hombre que dice “basta” al “modelo agresor” `. ¿Cómo fue para ti el acto —el proceso— de renuncia a ese modelo que cuestionas enAutorretrato de un macho disidente?

 

 

OS: No lo diría en pasadofue, sino en presente, es. Es decir, estoy todavía en el proceso de revisar todo el modelo en el que fui educado y que me rodea, ofreciéndome todos los días el gustazo de ser el héroe de la película. Es un proceso largo y complejo en el que, desde lo más personal y cotidiano, hasta lo más público, trato de construirme de otra manera, rechazando todo lo que tiene que ver con una masculinidad opresora y violenta. No siendo cómplice con el patriarcado. No callándome ante las injusticias de género. Aprovechando además el espacio educativo en el que trabajo para hacerles ver a mis alumnos que intento que no haya divorcio entre lo que pienso y mis prácticas cotidianas.

 

 

GGR: Más allá de géneros, estamos ante una obra autobiográfica donde desnudas tu vida y pareceres. ¿Qué nos da la autobiografía que no nos dan otros géneros? ¿Por qué escogerla?

 

 

OS: Creo que los hombres en general hemos sido poco dados a desnudarnos, a hacer ejercicios de autocrítica, a ponernos delante del espejo. Lo nuestro han sido siempre los relatos heroicos. Las mujeres sí habéis estado más habituadas a hacer esos procesos de desnudez y revisión, entre otras cosas porque la misma opresión os empujaba a ello. He leído pocos, hay algunas excepciones, relatos de hombres que se muestran vulnerables, dubitativos, perdidos, necesitados de los otros y de las otras. Sentí la necesidad de poner sobre el papel todo ese proceso personal que ha supuesto para mí ponerme delante del espejo y quitarme la máscara. Hablar desde lo emocional, desde la vulnerabilidad. Aunque al mismo tiempo, creo, mi relato podría leerse como una obra estrictamente literaria, de ficción, y me gustaría que los lectores y las lectoras también la disfrutaran desde esa dimensión narrativa.

 

 

GGR: Huso se ha caracterizado por publicar libros fundamentales para los tiempos que corren y para la historia de las letras hispanoamericanas (aunque con autores de todo el mundo). Su compromiso, para quienes conocemos el sello, es incuestionable. ¿Qué significa para Octavio publicar con esta casa editorial? ¿Cuáles son las expectativas?

 

 

OS: Para mí Huso ha significado encontrar un espacio en el que he podido reconocerme, no solo como escritor, sino sobre todo como lector. Para un libro tan singular y especial para mí, necesitaba un contexto en el que la ética y la estética fueran de la mano. Y donde la ternura, entendida como herramienta creativa y hasta política, fuera un sello de la casa. Es decir, sentirme como en mi hogar y seguro de que la complicidad sería absoluta. Además, tengo entre las manos, finalmente, un objeto bellísimo y acariciable.

 

 

 

GGR: ¿Qué va a encontrar el lector en Autorretrato de un macho disidente?

 

OS: Va a encontrar el relato de un viaje, personal y emocional, hacia una subjetividad emancipada, que al mismo tiempo podría ser el relato de muchos lectores que, como yo mismo, en algún momento se han planteado el valor ético y personal de la disidencia.

 

 

GGR: ¿De las muchas definiciones con que te has y han llamado —feminista, padre queer, jurista heterodoxo, sagitario, cordobés, ciudadano pensante, disruptor de las normas, intelectual activista, rebelde, hombre en permanente (de)construcción de género, entre otras—, con cuál te quedas en primer lugar y por qué?

 

 

OS: Creo que el término feminista, por lo que antes he dicho: es el que mejor me define hoy y el que mejor abarca toda la complejidad y riqueza de mi presente.

 

 

GGR: ¿En qué está trabajando Octavio ahora?

 

 

OS: Sigo trabajando en cuestiones jurídicas relacionadas con los derechos de las mujeres – investigo, entre perplejo y alarmado, la espinosa cuestión de los vientres de alquiler –. Y está a punto de salir un ensayito, una especie de texto básico, sobre todo aquello que un hombre igualitario y demócrata no debería ser.

 

 

GGR: ¿Qué esperas que tu obra pueda dejar en las letras del siglo XXI?

 

 

OS: Solo espero que haya lectores, y también lectoras, que se puedan reconocer en ellas, que les remueva alguna pieza interna y que, en la medida de lo posible, pueda ayudar a que alguien rompa los barrotes de su jaula.

 

Decía María Zambrano, cuando uno escribe algo, y más, pienso, si es una obra como ésta, es casi como una explosión que se lanza y no se sabe muy bien qué efectos puede tener. Yo espero que esta “explosión” —nada violenta, al contrario— pueda ser el pasaporte para que muchos hombres se hagan disidentes y asuman que la revolución feminista es la gran revolución del siglo XXI.

 

 

GGR: ¿Cuál es el mayor sueño de Octavio?

 

 

OS: Que mi hijo pueda vivir un mundo más sostenible, más igualitario, más ecofeminista.

 

 

 

* Gabriela Guerra Rey es escritora, editora y periodista cubano-mexicana. Ha sido guionista de cine, escritora de radio, colaboradora de prensa.